miércoles 11 de abril de 2007

Las edades de Lulú

Lulú ...
Güí? Sé muá?


Si, me refiero a mi, a ti, a él ... a casi todo el mundo, aunque no sea Lú.

Las edades, el paso del tiempo, nos lleva de la vida a la muerte, y en el camino se encuentra todo, al menos todo lo importante para los que no esperamos nada más allá de la muerte.

Este camino no es sencillo. En el principio, vitales, sin apenas experiencia, vivimos esperando más de cada día, incapaces de gestionar nuestro potencial. Bebemos a borbotones, de donde nos coincide, nos atragantamos, no sabemos vivir todavía ... aprendemos, de casualidad, de prueba y error, de puro instinto, perdidos las más de las veces.

Cerca del final, los que llegan, apuran los últimos sorbos a una vida, recordando las fuerzas perdidas, trampeando con todos los trucos imaginables, paladeando lo que todavía está a nuestro alcance con el recuerdo presente de lo que se nos escurrió entre las manos, dejando las lamentaciones para cuando lamentarse sea lo mejor que podamos hacer.

¿Qué nos pasa en el medio? ¿Tanto nos cuesta aprender? ¿Qué se nos olvida?
Quizá nos creemos que ya no tenemos que equivocarnos, nos quedamos en lo conocido cuando aún no es el momento (si lo es algún día).
Quizá nos olvidamos que lo que necesitamos nosotros tenemos que descubrirlo nosotros, que no nos vale comprar un modelo de vida por muy bonito que parezca, porque luego no es la nuestra.

En nuestra época dorada, cuando en teoría más posibilidades tenemos, algo nos pasa que nos quedamos a medias. A medias o a dos velas, según cada cual. La vitalidad se nos diluye y parece que la guardáramos para un futuro en que ya no la tendremos, el interés se nos pierde como si se tomara unas vacaciones, una excedencia. Pasamos mucho tiempo pensando en cómo tenemos que respirar que se nos pasa vivir. ¿Tanto nos pesan las responsabilidades? ¿Tanto nos pesa la libertad?

Si, nunca es tarde si la dicha es buena. ¡Pero centrémonos! Para eso hemos venido ¿no?
No, para centrarnos no, habíamos venido para ese todo que tenemos en nuestro camino y del que nos empeñamos en pasar de largo.
Si hace falta tropezar con ello, se tropieza. Yo no quiero pasar de largo

Lulú ...
Ya vuá, ya vuá ... ne te marché que muá arrivé pron ... (merdé! )