viernes 15 de junio de 2007

Es mejor así ... [preliminar]

[foto recortada de una obra original de SONAR-UA]

El tiempo había pasado no rápido, rapidísimo. Dos años se habían ido sin avisar, sin señales, sin tiempo, sin vivirlos.
Bueno, cierto es que habían pasado la Navidad, habían llegado los exámenes finales, incluso la excursión de tercero donde se rompieron todas mis ilusiones , y a la que siguió el largo y cruel paréntesis del verano. Y llegó el reencuentro, se arreglaron todas mis ilusiones y se multiplicaron, volvió la Navidad ... y ahora ya pasaron otra vez los exámenes, finales de verdad, y volvía a acechar el verano, y te volvía a perder.

Esta vez no se trataba de un paréntesis, las excusas se terminaban, marchabas de mi vida donde no habías estado siquiera de paso, donde ni siquiera nos cruzamos. Coincidíamos, eso si. Coincidíamos y nos llenábamos de alegría. Alegría en miradas brillantes, llenas. Alegría en sonrisas fáciles, desbordantes, inocentes. Alegría con las caras largas también, compartiendo preocupaciones, cargas, y tendiéndonos una mano que no era mano, era puente, refugio, hogar. Alegría en largas charlas, cómplices e insustanciales, todo servía de excusa para las miradas, las sonrisas, las caras largas, y para tu voz, tu risa, tus silencios. Excusa para estar juntos.

Siempre supe que no eras para mi, que vivía una especie de cuento que empezaba por las mañanas y terminaba cada tarde, con descansos para ir a comer a casa. Tu eras tan, tan ... ¡tu! Y yo era tan, tan ... yo. Te secuestraba de tu mundo y te veía en la frontera con el mío. Mi puro deseo infantil la estrechaba por arte de magia hasta convertirla en una fina linea que desaparecía. En esos momentos tu ventana no tenía rejas, tu balcón estaba al nivel del suelo, tu planeta y el mío compartían una luna en la que quedábamos solos. Nada más tenía sentido, me olvidaba de esas diferencias que cuanto ya solo permanecías en mi memoria, acechaban cada una de mis ilusiones.
Como si hubiera hecho un pacto con el diablo, el mundo era perfecto y se detenía para mi, y me olvidaba del precio que sin duda tenía que costar, con la certeza de que cualquier precio sería justo.

Me dejabas acompañarte a casa, qué diez minutos, cada paso, cada segundo, eran una droga que no me consumía. solo me hacía flotar, y me duraba hasta llegar a la mía. Aquel día, el que me presentaste lo que más querías en el mundo, ese hermano especial que recibía tu cariño desmedido, no tuve celos, me sentí honrado y partícipe por un instante de tanto amor.

(continuará)