jueves 26 de julio de 2007

Lost (perdido)

No hace falta caerse de un avión en medio de ninguna parte para sentirse perdido.

El día todavía se abría paso entre los restos de la noche mientras mis pasos hacían lo propio por las calles de la ciudad ajena. Nunca la había visto desperezarse de aquella manera, aunque precisamente ese alba yo no hubiera reconocido ningún lugar de este mundo.
Mi cabeza mantenía un hilo puramente físico con mis pisadas que la conducían hacia un destino irrelevante, y a través de ese nexo no era sinó la realidad quien se desdibujaba a cada paso, mi mente perdiéndose.

El día anterior recorría los mismos cientos de km que ya no me acercaban a ningún sitio convencido, casi aferrado, al valor de lo que estaba haciendo, pero sin el confort que en otra ocasión me hubiera acompañado. El coche desgranaba los km con pesar, en contraste con las risas infantiles y mi propia voz, pero yo estaba detenido en un instante atemporal donde ni cansancio, ni sueño, ni sentido tenían significado. Ni el dolor.

Me alegró llegar tarde, tenía mi partida prevista para mi llegada, no quería parar, detenerme, descansar, pensar. Perdí todo el tiempo que me fue posible hasta que me quedé solo con mis pensamientos, y sólo ante semejante tesitura me atreví a abandonar mi control al sueño confiando en la fuerza de la inercia adquirida, de la huida emprendida.
En dos horas estaba de nuevo en marcha.

Mis pasos se hicieron subterráneos, los sonidos dispersos que limpiaban la extinta belleza de la noche se convirtieron a un rítmico pulsar, la luz que despuntaba en el cielo, un flash de diapositivas a través de ventanillas.
Fito ponía banda sonora con una única canción que yo cantaba con mis dedos, una y otra vez ...

como venganza de la buena suerte o recompensa de la mala vida,
de la cabeza me arrancaron cables, pa meter las cosas que antes no me cabían
y se me acercan las paredes y se me aleja la salida
y poco a poco se hace de repente y me tropiezo con los días

sobra la luz que me hace ver, todo lo que yo escondía
no sé seguir, no sé volver

Ausente, mis ojos buscaban más sinsentido, fuera de mí, en las historias que me acompañaban. Expresiones de vidas cansadas, unas salian, otras llegaban, todas alrededor de ninguna parte, a donde me dirigía.

sobra la luz cuando en la piel, nunca se siente el día
dime que tu, tu si me ves


Sólo una mujer, con un rictus perdido entre el dolor y el hastío me volvió humano por unos instantes, haciéndome preguntas cuyas respuestas no querría conocer. ¿Que se escondía bajo esa mueca constante, desequilibrante? ¿Qué habían visto esos ojos cerrados? ¿Qué sentido tendría para ella el trayecto que compartíamos sin compartir?

una partida que jugué tan fuerte, que ahora es la vida la que está partida
una pared siempre que quiero verte,
y ahora estoy pa abajo y ahora estoy pa arriba


Cuando me paso de melodrámatico siempre me doy cuenta. Lo de la vida partida era más bien deseo. Callé la razón, callé las preguntas, entendía que no siempre hay respuestas, y que a veces éstas no eran más que nuevos interrogantes, sin soluciones a veces es mejor estar a oscuras.

todas las cosas que al mar tiramos, nos la devuelve siempre la marea,
cuanto más tratas de olvidarlo con más fuerza lo recuerdas


La inercia hizo su trabajo, y dejé las profundidades para surcar el cielo acercándome a donde por caprichoso destino estaba mi razón, ahora vedada. Solamente tuve que seguir caminando entregado a mi perdido sentido.

Ya en casa, continué perdido con la ayuda de unas cuantas tareas mundanas todo lo que mi existencia humana me permitió.
Hasta que me venció el sueño, la razón y el puro deseo. Y pese a que continúo perdido una luz se empeña en iluminarme, colándose por algún resquicio de mi corazón.


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3 comentarios:

Treinta y tantos dijo...

Tus últimos post están tan bien escritos...espero que no sea el estar perdido lo que te hace escribir así.

Antes pensaba que la vida consistía en etapas que te llevaban a la felicidad o a un cierto equilibrio que se podía parecer. La vida se empeña en demostrarme que es una montaña rusa y que hay que disfrutar cuando estás arriba y no perder el impulso cuando estás abajo.

Esa luz que se empeña en colarse es la que nos mantiene vivos, la que nos dice que a pesar de que los momentos malos, más tarde o más temprano llegarán los buenos. Aunque no lo creamos...

Besos :)

Luissi dijo...

Se me había olvidado poner los tags ... entre ellos el de ficción :-)
No creo que estén especialmente bien escritos, si hay algo que los diferencia de alguno anterior es que estoy explorando otra manera de contar las cosas.
Estas últimas entradas tienen verdaderas raíces en la sustancia de lo que quiero contar, y al darle forma a las ramas, al darle aspecto, por mucho que las manipule, la conservan. Así me parece que no la pierdo al distanciarme de ellas al intentar ser objetivo, incluso en la libertad adicional que tengo al contarlas puedo intentar potenciarla
Pero claro, yo los veo desde mi subjetiva visión y no tengo claro qué consigo. Gracias por tu comentario, es la luz que permite ver como sale

Un amigo psicologo dice que el goce no está en lo conseguido (el objeto), sino en la persecución de la consecución (la pulsión). Cuanto más nos acercamos mejor, pero si la alcanzamos se terminó
No es que goce se pueda identificar con la felicidad, pero alguna relación parece que hay

No todos los momentos malos son tan malos, y quizá los buenos tampoco lo sean tanto, pero una vez pasados en momentos todos se quedan
Solo queda la huella que dejan en nosotros, y ahí siempre tenemos algo que ver

Anónimo dijo...

De las últimas entradas que he leído de ti esta es una de las más trabajadas, a mi juicio le faltan unas vueltas de tuerca para darle el de perfección estilística que se merece pero algunas frases están en el verdadero camino. Tu mayor acierto ha sido el transformar las palabras en emociones, las metáforas han cobrado peso, se han hecho de carne,si, el abrir por dentro el cuerpo como un cirujano y dárselo de comer a tus lectores y que les pese lo que siente el escritor en los ojos; empiezas a tener la capacidad de transmitir.
La sensación que tengo al leerte o por lo menos la que a mí me comunica, (no sé si es acertada o no), es de melancolía. Para mí es uno de los sentimientos más inquietantes, más demoledores, más que el dolor y la rabia que son más efímeros, porque guarda dentro una larva que se come a todo lo demás y parece que ya importa nada e importa todo. La melancolía es como una náusea perpetua en la boca del estómago, se disfraza de banalidad que te susurra que no pasa nada y continuamente horada hueco más profundo hasta terminar por resignarte. La resignación es la antesala de la muerte física o espiritual, da lo mismo;
el aceptar para elevarte más y más, como Juan Salvador Gaviota, analizar, descubrir, el tener un sentimiento firme para conseguir lo que quieres y no destruirlo después, ni menospreciarlo porque te aburres de ello y luego volver y recrearte en lo que has logrado es la verdadera victoria. Un santo no ejerce de tal, nace, no encontrarás uno que no se haya realizado, que sea infeliz o que lamente algo de su vida, se entrenan para estar en un permanente estado de confusión y de paz, de ahí el martirio que los sublima, pero nunca jamás sienten la tiranía de la melancolía.
El umbral de la consecución no debería de existir, debería ser sólo una puerta, una meta debería abrirse a otra como una matriuska y tener dentro otra y así hasta el final hasta la última más pequeña y maciza que sería el no ser, no necesariamente la muerte física; se llama tener inteligencia emocional, hacer juegos de alambre para vivir y no se devorado por la vida y tal como yo lo entiendo ser devorado es el aburrimiento.
El último párrafo me recuerda mucho a "Calle Melancolía": "luego, de vuelta a casa enciendo un cigarillo, ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama, me enfado con las sombras que pueblan los pasillos y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama. Trepo por tu recuerdo como una enredadera que no encuentra ventanas donde agarrase, soy esa absurda epidemia que pueblan las aceras ....