
Llevo algo más de dos semanas fuera de casa. Unas apresuradas vacaciones de última hora me tenían preparados desplazamientos, calores, muchas imágenes, prisas y pausas, sonrisas, y sobre todo, muy, muy buena compañía.
Pero todo eso era para cinco días. ¿Qué paso? Pues que otra vez mi coche ha decidido que yo puedo hacer lo que quiera, pero que él tiene sus propios planes y se queda. Así de chulo es mi coche.
No es la primera vez que “me aconseja” de esta manera. En otras vacaciones anteriores decidió que él no iba, sólo que yo no me enteré del mensaje hasta que fue demasiado tarde. Lo que a mi me parecía un consumo elevado pero caprichoso, resultó ser su aviso, el manguito (en versión actual tubito metálico), que perdía gasóleo. Al no darme yo por enterado (la mecánica no es lo mío), con alevosía, terminó por romperlo. A mitad de camino, casi 500 km por recorrer, casi 500 km lejos de casa, viernes por la tarde antes de puente (el lunes era festivo). Le dio igual, se detuvo en mitad de ningún sitio.
Yo, cabezota, seguí solo.
Mi coche tenía razón, no fueron las vacaciones planeadas, ni lo hubieran sido aunque me hubiera acompañado. Había un error de “concepto” que si he aprendido bien no volveré a repetir.
Ahora le he hecho caso. Y me alegro mucho. Pero estoy enfadado con él. Sé que sus intenciones son buenas, pero él tiene que entender que a veces las mejores cosas tienen que esperar, y a veces no llegar, porque los humanos somos libres también para equivocarnos, y no solo vale con que las cosas sean lo mejor para nosotros, de hecho eso no suele contar mucho, sino más bien tenemos que desearlas, elegirlas, e ir a por ellas sin red porque no dependen de nosotros solos. Y aunque no entienda esto (quizá le pido mucho a mi coche), sobre todo tiene que aprender que no debe dejarme tirado para solucionar mis problemas (ni los de nadie).
También estoy enfadado porque ya podía haberse cargado un relé o algo así. En el taller me han amenazado, han dicho no se qué de una bomba de inyección y de una cifra con muchos euros, que deja a mi pobre nómina en ridículo. Soy cabezota y no atiendo a razones así como así, es verdad, ¡pero esta vez se ha pasado un pelo!
Y conste que tiene razón, un acierto quedarme. La vida va tan deprisa que a veces hay que pararse y que espere si quiere por nosotros. Y si no espera, ya nos veremos, que el mundo es un pañuelo … lleno de mocos.


4 comentarios:
Estoy yo un poco perdida últimamente ¿y si me prestas el coche cuando te lo arreglen? A ver dónde me lleva. Quizás él sepa elegir dónde debo estar ;)
¡Besos!
ay Luis, los coches son unos tragaperras, tienes toda la razón para cabrearte, dí que si, si te vale de algo me cabreo yo también con él.
Le voy a decir al mío que le castigo junto con el tuyo...
Yo viví la anterior tirada de tu coche y....quéjate sólo por la pasta, pero por nada más, porque él sabe lo que se hace. A muchos nos gustaría tener un coche tan listísimo.
;-)
treintaytantos ... prestar no sé, pero de venderlo estoy a un pasito. Aunque sólo sea por lo caluroso que me he vuelto últimamente. A ver cuando me lo den, espero que al menos mantenga toda su alegría (por mucho aire acondicionado que sí tenia en el 307 gasolina que me volví a casa eché mucho de menos la alegría de mi compañero de sudores)
tu, y tanto que traga el niño. Aunque al final sea menos de la mitad de lo que me dijeron en Madrid, sigue doliendo (sobre todo pensando que con el relé hubiera conseguido el mismo efecto sin destrozarme el bolsillo!). El castigo todavía puede caer, a ver como se porta de vuelta
y chipsoni, por la pasta me quejo (y un poquito por los sudores), que por el resto somos ya como hermanitos (eso si, no sería el primer hermano que "deja vendido" a otro hermano). Eso si, de venderlo a alquien que lo trate con cariño
En Málaga no te sirve, pero si vas a echar mucho tiempo en Londres ... ¡tu si que lo tratarías con cariño!
Publicar un comentario en la entrada