Vía "La Tejedora", uno de los blogs de noticias y curiosidades varias sobre el mundo (digital) me he topado con una noticia cuanto menos curiosa, pero que también invita a la reflexión
Un matrimonio en crisis se encuentran sin saberlo en internet e inician un dulce ciberromance al fuego de sus comunes desgracias maritales. Al preparar el encuentro descubren que en quien confiaron no es otro que el orígen y culpable de sus problemas, y se sienten engañados, tanto como para iniciar el divorcio
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Es decir, culpan a su pareja de engañarles en el cibermundo y mostrar una faceta dulce, cariñosa y comprensiva que hace tiempo que no muestran en casa. Y es esa la gota que colma el vaso y les lleva a divorciarse, no la desgracia que les llevó a buscar consuelo en internet
¿No se dan cuenta que la otra persona sólo ha hecho como ellos? Han dado la espalda a la relación que en su momento les había ilusionado y han ofrecido a un extraño lo que llevan negándole a su pareja.
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No deja de ser paradójico que una vez despojados de sus roles de marido y mujer frustrados sigan encontrando en el otro aquello que alguna vez debió cautivarles, y más paradójico que al volverle a poner nombre prefieran pensar que lo que creyeron encontrar era mentira a aceptar su propia dificultad de relacionarse cara a cara, dejando los rencores, reproches y prejuicios al lado.
¿Tan difícil es aceptar que de quien te enamoraste no ha cambiado tanto, que ha sido la manera de relacionaros lo que se ha perdido?


6 comentarios:
La historia yo ya la había escuchado, pero era un chiste, no sé si será real o no.
En cualquier caso, lo que planteas es interesante. De todas formas, creo que al menos parte tiene una explicación fácil, no sé si buena, pero sí fácil. Es bastante probable que aunque todos evolucionamos, no cambiemos tanto, como bien dices. Supongo que lo que falla es la forma de relacionarnos. No sé si será factible de otra forma, pero lo cierto es que cuando comenzamos una relación damos lo mejor de nosotros, y supongo que con el tiempo, la confianza y el dar por hecho muchas cosas hacen que descuidemos ciertos detalles. Seguro que con un poco de esfuerzo se pueden mantener esos detalles agradables, pero es complicado. Y los desencuentros, los errores acaban pesando lo suyo. No sé si el error es cómo acaban las relaciones o si el error es pensar que la balsa de aceite del principio puede durar toda la vida.
¡Besos!
Buena reflexión Luisi. REalmente somos tan estúpidos y egocéntricos que siempre pensamos que es el otro el que ha cambiado.
Pero si encima, la vida te da otra oportunidad, como a estos dos y no la aprovechan, es para matarlos.
Interesante historia, de la que se puede sacar una gran enseñanza que esas dos personas no han sabido aprovechar. Como bien dices en la última frase, es una pena que no se hayan dado cuenta de que todo es culpa de la manera de relacionarse, pero que las dos personas siguen siendo perfectamente capaces de amarse. Hubiera sido más maduro por su parte entender que este suceso era una prueba de que siempre podrían amarse, y seguir juntos. Una pena.
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¡Qué bien lo explicas! La mayoría de las veces no es el sujeto el problema sino la forma en que lo enfocamos o lo tomamos o lo usamos.
La actitud, señores, la actitud....
Muy interesante tu blog.
pues lo mejor sería que se reconciliaran ,imaginaos lo q le va a costar a cada uno de ellos dos encontrar a alguien q los escuche con lo chungo q está hoy en dia XDDD
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