Me sigue costando escribir. Y mira que me gusta, si, me gusta hacerlo, y luego verlo escrito. Disfruto de todo el proceso. Fue mi mayor descubrimiento cuando me metí de verdad en la blogosfera. Escribir y descubrirse leído.
Ahora el mayor impedimento para escribir es el tiempo. Si ya no tenía yo suficientes maneras de perderlo, y uso la palabra "perderlo" con mucho cariño, ahora he añadido el convertirme también en lector de blogs, cosa que no hacía antes de escribir. Muchas veces me descubro leyendo las últimos novedades en blogs ajenos, cuando me había conectado con la sana intención de escribir y actualizarlo. Y no contento, explorando, buscando nuevas ventanas capaces de retenerme más allá de un post.
En medio, el descubrir pequeñas y grandes conexiones, gente que sientes afín, que te identificas en parte o con la que disientes, y gente que miras con la curiosidad de quien descubre un mundo a su través que no sabías que existiera ni siquiera en la imaginación. Formas tu parrilla de contenidos internetianos con los blogs de la gente "conocida", vista con tus propios ojos o al menos intuída en ya no sabes cuántas sesiones de chat, a la que crees reconocer en cada frase, en cada idea, con la que te ríes, te emocionas, o simplemente miras con curiosidad lo que han escrito. Le añades las producciones de descubrimientos de los que tienes o no referencias, que te entretienen, sorprenden y sí, también te proporcionan todo un abanico de emociones.
En la blogosfera los contenidos puede tocar cualquier tema, lees sobre vivencias que tu mismo has tenido, y que parece que también tienen otros, y sobre experiencias más ajenas que has imaginado o que ni siquiera te puedes creer. Lees literatura de lo más variopinta, y todo tipo de informaciones que alguien ha decidido compartir. Descubres nuevos artilugios, sitios web que cuando menos son curiosos, te enteras de noticias que te pillaron despistado, o de los últimos vídeos musicales y rarezas varias. Todo asomándote al espacio que otro ha preparado, quizá no para ti, pero si a tu alcance
Yo no sé quién transcurrirá mañana por este camino mío, pero espero que su paso sea provechoso o no, tenga un olor, le guste o no, que no encuentre en cualquier otro camino. O sea, que tenga ganas o no, me acercaré más a menudo a echar mi meadita. ¡Prometido!
Ahora el mayor impedimento para escribir es el tiempo. Si ya no tenía yo suficientes maneras de perderlo, y uso la palabra "perderlo" con mucho cariño, ahora he añadido el convertirme también en lector de blogs, cosa que no hacía antes de escribir. Muchas veces me descubro leyendo las últimos novedades en blogs ajenos, cuando me había conectado con la sana intención de escribir y actualizarlo. Y no contento, explorando, buscando nuevas ventanas capaces de retenerme más allá de un post.
En medio, el descubrir pequeñas y grandes conexiones, gente que sientes afín, que te identificas en parte o con la que disientes, y gente que miras con la curiosidad de quien descubre un mundo a su través que no sabías que existiera ni siquiera en la imaginación. Formas tu parrilla de contenidos internetianos con los blogs de la gente "conocida", vista con tus propios ojos o al menos intuída en ya no sabes cuántas sesiones de chat, a la que crees reconocer en cada frase, en cada idea, con la que te ríes, te emocionas, o simplemente miras con curiosidad lo que han escrito. Le añades las producciones de descubrimientos de los que tienes o no referencias, que te entretienen, sorprenden y sí, también te proporcionan todo un abanico de emociones.
En la blogosfera los contenidos puede tocar cualquier tema, lees sobre vivencias que tu mismo has tenido, y que parece que también tienen otros, y sobre experiencias más ajenas que has imaginado o que ni siquiera te puedes creer. Lees literatura de lo más variopinta, y todo tipo de informaciones que alguien ha decidido compartir. Descubres nuevos artilugios, sitios web que cuando menos son curiosos, te enteras de noticias que te pillaron despistado, o de los últimos vídeos musicales y rarezas varias. Todo asomándote al espacio que otro ha preparado, quizá no para ti, pero si a tu alcance
Yo no sé quién transcurrirá mañana por este camino mío, pero espero que su paso sea provechoso o no, tenga un olor, le guste o no, que no encuentre en cualquier otro camino. O sea, que tenga ganas o no, me acercaré más a menudo a echar mi meadita. ¡Prometido!


