martes 24 de abril de 2007

Felicidad (que bonito nombre tienes) e incompatibilidades

Hoy me he quedado pensando al leer una frase sobre "tener que ser feliz" ... y nada, os ha tocado, pensaré en escrito -mis disculpas.

Está muy bien querer ser Feliz -con mayúsculas. Perseguir la felicidad. Incluso desearla para los demás -siempre que no la impongas-, pero estar obligado a tenerla ¿no os suena incompatible? Porque estar obligado no cuadra con cosas tan bonitas como la Felicidad, como la Libertad, como la Paz. Va más con cosas más bien feas como Frustración, Ansiedad, Imposición. Sin embargo nos repetimos muchas veces lo de tener que, cuando es más natural querer a , amar a -palabras que tampoco casan con obligación, ¿eh?

Me encanta la canción Felicidad de La Cabra Mecánica , y enseguida empezó a sonar en mi cabeza cuando todas estas reflexiones empezaron a inundarla, y me quedé a escucharla ... (podéis darle al play, si)



Cuando conocemos (aunque sea de vista) a la felicidad descubrimos que es más dañina la pequeña rutina cotidiana que perseguir el sueño que se ríe de nosotros, que tener las cosas y vivirlas no es lo mismo, que un poco que valga la pena es mucho si se deja ver de vez en cuando.
Es como una mujer -para nosotros los hombres vale la metáfora- descubierta, con la que queremos estar pero no tener -porque estas cosas tan bonitas nunca se tienen, se disfrutan-, y con vida propia, alegre como nos hace sentir.

Felicidad, no se puede decirte que no -y quién seria tan tonto como para eso-, y saborearte es añorarte, e inevitablemente poder perderte, y cargar con tu recuerdo. Porque todo tiene dos caras por lo menos, no hay luz sin oscuridad.
Y tienes ese poder por el que siempre vale la pena llegar al día siguiente, porque podrá ser tu día y entonces el mío, y eso es lo que no puede ser contado -¡aunque puede intentarse! mmm

Mata más gente el tabaco que los aviones, (tururú tururú)
y he perdido el miedo a volar, (taaaraaaraaará)
y enciendo la faria de las grandes ocasiones
en las nubes tengo un “Bemeuve”,
una “Pleiestetion” tu foto y un par de postales,

sigue escribiendo donde quiera que tú estés.

Felicidad, que bonito nombre tienes (tarará tarará)
Felicidad, vete tú a saber dónde te metes (tarará tarará)
Felicidad, cuando sales sola a bailar
te tomas dos copas de más y se te olvida que me quieres. (tarára)


Nada mas verte le dije a mi sentido común (tururú tururú)
que no me esperara levantado (taaaraaaraaará)
y al volver a casa una nota en el “livinrum”
un adiós en los morros y desde entonces duermo solo
finito, acabado, caramba
y pagando los recibos de la luz.


Cuando menos lo esperaba de pronto un día
a mi puerta llamó la alegría
y resulta que tenía tu carita
y resulta que estabas tan rica
y devoré tu piel, tu carne y tus espinas,
y rebañé, to el suco, suco, suco, y rebañé.

Desde entonces en verano nunca pido ensaladilla
ni antes de dos horas de digestión me tiro al mar
he dejado de abusar del tabaco, del café,
del tinto y del prozac,
pura Felicidad.


Y toda historia tiene moraleja, que la felicidad sea libre de entrar y salir en mi vida no quiere decir que yo no pueda cortejarla, hacerle un hueco, facilitarle el trabajo. Porque al final no es nada del otro mundo, aunque le de sentido al nuestro.


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Siento lo de los comentarios ...

... fue un despiste de cuando actualizé la plantilla, ni me di cuenta de que no se podían dejar ... cosas de no leerse a uno mismo!

A mi me encantan vuestros comentarios

miércoles 11 de abril de 2007

Las edades de Lulú

Lulú ...
Güí? Sé muá?


Si, me refiero a mi, a ti, a él ... a casi todo el mundo, aunque no sea Lú.

Las edades, el paso del tiempo, nos lleva de la vida a la muerte, y en el camino se encuentra todo, al menos todo lo importante para los que no esperamos nada más allá de la muerte.

Este camino no es sencillo. En el principio, vitales, sin apenas experiencia, vivimos esperando más de cada día, incapaces de gestionar nuestro potencial. Bebemos a borbotones, de donde nos coincide, nos atragantamos, no sabemos vivir todavía ... aprendemos, de casualidad, de prueba y error, de puro instinto, perdidos las más de las veces.

Cerca del final, los que llegan, apuran los últimos sorbos a una vida, recordando las fuerzas perdidas, trampeando con todos los trucos imaginables, paladeando lo que todavía está a nuestro alcance con el recuerdo presente de lo que se nos escurrió entre las manos, dejando las lamentaciones para cuando lamentarse sea lo mejor que podamos hacer.

¿Qué nos pasa en el medio? ¿Tanto nos cuesta aprender? ¿Qué se nos olvida?
Quizá nos creemos que ya no tenemos que equivocarnos, nos quedamos en lo conocido cuando aún no es el momento (si lo es algún día).
Quizá nos olvidamos que lo que necesitamos nosotros tenemos que descubrirlo nosotros, que no nos vale comprar un modelo de vida por muy bonito que parezca, porque luego no es la nuestra.

En nuestra época dorada, cuando en teoría más posibilidades tenemos, algo nos pasa que nos quedamos a medias. A medias o a dos velas, según cada cual. La vitalidad se nos diluye y parece que la guardáramos para un futuro en que ya no la tendremos, el interés se nos pierde como si se tomara unas vacaciones, una excedencia. Pasamos mucho tiempo pensando en cómo tenemos que respirar que se nos pasa vivir. ¿Tanto nos pesan las responsabilidades? ¿Tanto nos pesa la libertad?

Si, nunca es tarde si la dicha es buena. ¡Pero centrémonos! Para eso hemos venido ¿no?
No, para centrarnos no, habíamos venido para ese todo que tenemos en nuestro camino y del que nos empeñamos en pasar de largo.
Si hace falta tropezar con ello, se tropieza. Yo no quiero pasar de largo

Lulú ...
Ya vuá, ya vuá ... ne te marché que muá arrivé pron ... (merdé! )