Todos sabemos que el mundo es un pañuelo, y vivir en ciudades distintas no fue suficiente motivo para que nunca más se encontraran. En los siguientes cinco años se tropezaron tres o cuatro veces. Encuentros fugaces caminando cada uno por una dirección y sentido diferente, cruce a diferentes alturas. Lo justo para que punzaran viejas sensaciones. A la desconocida sorpresa le seguía la vieja alegría. Mezclada con la incredulidad convivía la fuerza de ese vínculo que no sólo sentimos con los amigos, y en el ruido de la calle sus voces resonaban dentro de ellos, marcadas por el olvidado pum, pum, pum. Días siempre de fiesta doblemente iluminados por el encuentro al que inevitablemente sucedía el deja-vú de la despedida amable y mentirosa. Al menos no muy sincera.
Hasta que el "pum, pum, pum" dejó de sonar en la banda sonora de estos paréntesis, y éstos dejaron de ser.
Siguió pasando el tiempo y el que había sido chico llamó a la puerta de aquella casa a la que tantas veces se dirigió antes de ir a la suya. Saludó a aquellos padres que el caprichoso destino convirtió en vecinos y les preguntó por ella.
Vino en Navidad, tomaron un café juntos. Charlaron y rieron al unísono. Algunas cosas nunca cambian, otras lo hacen para siempre. Se contaron pinceladas, no recordarían mucho embriagados como estaban de serenas alegrías pasadas. Él volvió a mirarla, y aquella confesión deseosa de veredicto volvió de nuevo, esta vez bajo la forma de la curiosidad por lo que podría haber sido y no creyó. Y una vez más, se quedo dentro, sin el pum, pum, pum, encontró fácilmente las palabras precisas, pero ya no tenían un alma al que servir. El universo dejó de conspirar y ya nunca más se vieron.

Cuántas oportunidades nos da la vida, a veces más de las recomendables. Se empiezan ignorando, y cuando finalmente se hacen presentes las arrojamos al vértigo de nuestros miedos y confusiones, en un tobogán en el que la velocidad que adquiere sólo permite pensar en saltar o cerrar los ojos. O la tomaremos cuando ya esté gastada. Terminaremos volviendo la vista atrás, y no podremos sino reírnos de algunas de nuestras acciones, reflexiones y comportamientos pasados. Aunque sea una risa nerviosa.
En ese mismo momento en que no estamos mirando, la vida seguirá dando, preguntándose si aprenderemos alguna vez a tiempo para tomar alguna en su momento más dulce, y sin que sea de casualidad.
Mientras seguiremos calculando que es mejor. Como si pudiéramos saberlo alguna vez.



