viernes 22 de junio de 2007

Es mejor asi ... [epílogo]

Todos sabemos que el mundo es un pañuelo, y vivir en ciudades distintas no fue suficiente motivo para que nunca más se encontraran. En los siguientes cinco años se tropezaron tres o cuatro veces. Encuentros fugaces caminando cada uno por una dirección y sentido diferente, cruce a diferentes alturas. Lo justo para que punzaran viejas sensaciones. A la desconocida sorpresa le seguía la vieja alegría. Mezclada con la incredulidad convivía la fuerza de ese vínculo que no sólo sentimos con los amigos, y en el ruido de la calle sus voces resonaban dentro de ellos, marcadas por el olvidado pum, pum, pum. Días siempre de fiesta doblemente iluminados por el encuentro al que inevitablemente sucedía el deja-vú de la despedida amable y mentirosa. Al menos no muy sincera.

Hasta que el "pum, pum, pum" dejó de sonar en la banda sonora de estos paréntesis, y éstos dejaron de ser.

Siguió pasando el tiempo y el que había sido chico llamó a la puerta de aquella casa a la que tantas veces se dirigió antes de ir a la suya. Saludó a aquellos padres que el caprichoso destino convirtió en vecinos y les preguntó por ella.
Vino en Navidad, tomaron un café juntos. Charlaron y rieron al unísono. Algunas cosas nunca cambian, otras lo hacen para siempre. Se contaron pinceladas, no recordarían mucho embriagados como estaban de serenas alegrías pasadas. Él volvió a mirarla, y aquella confesión deseosa de veredicto volvió de nuevo, esta vez bajo la forma de la curiosidad por lo que podría haber sido y no creyó. Y una vez más, se quedo dentro, sin el pum, pum, pum, encontró fácilmente las palabras precisas, pero ya no tenían un alma al que servir. El universo dejó de conspirar y ya nunca más se vieron.


[imagen recortada del original obra de h4r3krisnhn4]

Cuántas oportunidades nos da la vida, a veces más de las recomendables. Se empiezan ignorando, y cuando finalmente se hacen presentes las arrojamos al vértigo de nuestros miedos y confusiones, en un tobogán en el que la velocidad que adquiere sólo permite pensar en saltar o cerrar los ojos. O la tomaremos cuando ya esté gastada. Terminaremos volviendo la vista atrás, y no podremos sino reírnos de algunas de nuestras acciones, reflexiones y comportamientos pasados. Aunque sea una risa nerviosa.
En ese mismo momento en que no estamos mirando, la vida seguirá dando, preguntándose si aprenderemos alguna vez a tiempo para tomar alguna en su momento más dulce, y sin que sea de casualidad.

Mientras seguiremos calculando que es mejor. Como si pudiéramos saberlo alguna vez.

sábado 16 de junio de 2007

Es mejor así ... [despedida]

[imagen recortada del original, obra de snakealien]
Continuación de Es mejor asi ... [preliminar]

Sabía que era mala señal que tu mejor amiga me dijera lo de aquel novio que tenías en el pueblo cuando desoyendo la cordura indagaba sobre sueños. Pero las malas señales se borran a base de momentos felices. Y yo seguía vivo porque las dosis en que me tomaban eran lo suficientemente pequeñas para que las resistiera este simple mortal.
Porque si el corazón me latiera siempre como llevaba ya horas haciéndolo, acabaría por vencer la resistencia del pecho más fuerte sobre la tierra, que no era el mío, y me abandonaría en busca de más espacio donde perder las ataduras.

Habíamos quedado, y yo te iba a decir lo mucho que significabas para mí. No tenía esperanzas, no soñaba, sabía que intentar atraparte era inútil, imposible como abrazar una ola sin que se escurra entre los dedos. Había decidido que tenía que hacerlo por pura justicia.
Las palabras para darle forma se arremolinaban en mi cabeza, con el martilleo ensordecedor de fondo, formando infinitas combinaciones que sonaban como un torpe balbuceo, una estúpida caricatura, un gruñido mal dicho.
Había llegado dos horas antes al lugar donde te había citado para tener tiempo. Pum, Pum, Pum ... pero las frases se descartaban en mi cabeza apenas se formaban. Pum, Pum, Pum ... sin querer, asomaba la mirada al callejón por donde aparecerías tu ... PUM, PUM, PUM ... el rompecabezas seguía sin solución, la sopa de letras no contenía ninguna palabra ... PUM, PUM, PUM ... el tiempo se terminaba.


Cuando te fuiste, sentí la dulce paz que debe traer la muerte. El tiempo transcurría lento, y en mi pecho ya nada se escuchaba. Te ibas, sonriente. El encuentro dulce, como siempre. La última sonrisa se extinguía lentamente en mi cara.
Las palabras que habían brotado de mi garganta no solo no hicieron justicia, sino que perpretaron con una frialdad pasmosa la mas alta traición. Mientras todo mi cuerpo se sacudía por el torbellino de emociones que en esas ultimas horas se convulsionaban atrapadas en mi interior, mi boca bebía y se refugiaba en la placentera paz de momentos pasados, y olvidaba que ya no había más futuros. Y silenció para siempre en mi interior lo que minutos antes era mi deber liberar aunque fuera para perderlo.

Mientras me iba hundiendo en el océano, cada vez más profundo, me sentía liberado de mi carga. Miles de voces envalentonadas se apoyaban entre si justificando con razonables sentencias la cobardía cometida. Esa justicia que me enardeció esa tarde cuando te llamé, se hacía cada vez más relativa, diluida en justas imposibilidades. Poco a poco aprendía y descubría el error que había estado a punto de cometer. Si es que esas cosas no se dicen, se notan -me decía- y en estos dos años, por efímeros que hubieran sido, tu ya habrías destapado mis sentimientos, y de hecho ya me habías devuelto más de lo que me correspondía -acuchillaba para mi.

Era mejor así -insistía- algo tan bonito sólo lo podía congelar, en su momento más vivo, guardar como en una fotografía, en blanco y negro para no notar el palidecer del tiempo erosionador. Perdía algo que no era mío, y a cambio me quedaba con recuerdos que tampoco me correspondían, era un buen trato. Era mejor así, era mejor así -me consolaba.


Quizá si al menos hubiera estado callado habría escuchado como tu murmurabas ... "Es mejor así, es mejor así"

viernes 15 de junio de 2007

Es mejor así ... [preliminar]

[foto recortada de una obra original de SONAR-UA]

El tiempo había pasado no rápido, rapidísimo. Dos años se habían ido sin avisar, sin señales, sin tiempo, sin vivirlos.
Bueno, cierto es que habían pasado la Navidad, habían llegado los exámenes finales, incluso la excursión de tercero donde se rompieron todas mis ilusiones , y a la que siguió el largo y cruel paréntesis del verano. Y llegó el reencuentro, se arreglaron todas mis ilusiones y se multiplicaron, volvió la Navidad ... y ahora ya pasaron otra vez los exámenes, finales de verdad, y volvía a acechar el verano, y te volvía a perder.

Esta vez no se trataba de un paréntesis, las excusas se terminaban, marchabas de mi vida donde no habías estado siquiera de paso, donde ni siquiera nos cruzamos. Coincidíamos, eso si. Coincidíamos y nos llenábamos de alegría. Alegría en miradas brillantes, llenas. Alegría en sonrisas fáciles, desbordantes, inocentes. Alegría con las caras largas también, compartiendo preocupaciones, cargas, y tendiéndonos una mano que no era mano, era puente, refugio, hogar. Alegría en largas charlas, cómplices e insustanciales, todo servía de excusa para las miradas, las sonrisas, las caras largas, y para tu voz, tu risa, tus silencios. Excusa para estar juntos.

Siempre supe que no eras para mi, que vivía una especie de cuento que empezaba por las mañanas y terminaba cada tarde, con descansos para ir a comer a casa. Tu eras tan, tan ... ¡tu! Y yo era tan, tan ... yo. Te secuestraba de tu mundo y te veía en la frontera con el mío. Mi puro deseo infantil la estrechaba por arte de magia hasta convertirla en una fina linea que desaparecía. En esos momentos tu ventana no tenía rejas, tu balcón estaba al nivel del suelo, tu planeta y el mío compartían una luna en la que quedábamos solos. Nada más tenía sentido, me olvidaba de esas diferencias que cuanto ya solo permanecías en mi memoria, acechaban cada una de mis ilusiones.
Como si hubiera hecho un pacto con el diablo, el mundo era perfecto y se detenía para mi, y me olvidaba del precio que sin duda tenía que costar, con la certeza de que cualquier precio sería justo.

Me dejabas acompañarte a casa, qué diez minutos, cada paso, cada segundo, eran una droga que no me consumía. solo me hacía flotar, y me duraba hasta llegar a la mía. Aquel día, el que me presentaste lo que más querías en el mundo, ese hermano especial que recibía tu cariño desmedido, no tuve celos, me sentí honrado y partícipe por un instante de tanto amor.

(continuará)